jueves, enero 29, 2009

Exposición Telequinética




"Personas desinformadas han confundido la palabra quinesis con movimiento. Cuando ella proviene del griego "kineo" y significa yo muevo. Mucha gente especializada en el asunto y que estudia la mente define a este tipo de energía como un fluido psíquico activo capaz de afectar a la materia".






Imagen tomada de:
http://www.sitionatural.com/imq/telequinesis1.jpg
Texto © Wikipedia

sábado, enero 17, 2009

Lo Que Es Un Buen Poema





¿Que cómo fue, señora...?
Como son las cosas cuando son del alma.
Ella era muy linda y él era muy hombre,
y yo la quería y ella me adoraba;
pero él, hecho sombra, se me interponía
y todas las noches junto a la ventana
fragantes manojos de rosas había
y rojos claveles y dalias de nácar.

Y cuando las sombras cubrían las cosas
y en el ancho cielo la luna brillaba,
de entre las palmeras brotaba su canto
y como una flecha a su casa llegaba.

¡Cómo la quería!
Cómo le cantaba sus ansias de amores
y cómo vibraba con él su guitarra.
Y yo tras las palmas con rabia le oía
y entre canto y canto colgaba una lágrima.
Lágrimas de hombre, no crea otra cosa,
que los hombres lloran como las mujeres
porque tienen débil, como ellas, el alma.

No puedo evitarlo, la envidia es muy negra
y la pena de amor es muy mala,
y cuando la sangre se enrabia en las venas
no hay quien pueda, señora, calmarla...
Y una noche, lo que hacen los celos,
lo esperé allá abajo, junto a la cañada;
retumbaba el trueno, llovía, y el río
igual que mis venas hinchado bajaba.

Al fin a lo lejos lo vi entre las sombras,
venía cantando su loca esperanza,
en el cinto colgaba el machete,
bajo el brazo la alegre guitarra.

Llegó hasta mi lado, tranquilo, sereno,
me clavó con los ojos su fría mirada;
me dijo: -¿Me esperas?... Le dije: -¡Te espero!
y no hablamos más, ni media palabra.
Que era bravo el hombre, cual los hombres machos,
y los hombres machos pelean, no hablan.
¡Cómo la quería...! El machete dijo
su amor y sus ansias, roncaba su pecho,
brillaban sus ojos, y entre golpe y golpe ponía su alma.
No fue lucha de hombres, fue lucha de toros,
eso bien lo sabe la vieja cañada,
pero más que el amor y el ensueño
pudieron la envidia y la rabia,
y al fin mi machete lo dejó tendido
sobre su guitarra...


No tema, señora, con cosas pasadas...
Todavía en el suelo me dijo llorando:
-¡Quiérela... que es buena...!
Quiérela... como yo la he querido¡
Quiérela... que es santa...
que aunque muero...
la llevo metida en el alma!
Y tuve celos, señora, del que así me hablaba
y tuve celos de aquel que moría
y aun muriendo la amaba...
Y la sangre cegó mis pupilas
y el machete en la mano temblome con rabia
y lo hundí en su pecho con odio y con furia
y rasgué su carne buscándole el alma...
Porque en el alma se llevaba mi hembra...
y yo no quería que se la llevara





Fotografía © Osmotic
Texto © "El duelo del mayoral", poema llanero anónimo

miércoles, enero 14, 2009

"Ventanezca" Sobriedad


Desde hacía algunas noches un gato estaba asechando la ventana que, desde mi cuarto, da a la calle, se subía, el condenado, e intentaba entrar, pero los arabescos metálicos de la reja externa se lo dificultaban; en eso duró como cuatro noches hasta que encontró un espacio suficiente para pasar, pero después estaba la cortina, que, de hecho, no le representaba obstaculo alguno, sin embargo, al gato le asustaba por que era algo desconocido para él. La quinta noche, decidí ponerle un poco más de dificultad, creyendo que esa noche se enfrentaría a la cortina; el gato trepó a la ventana, parecía decidido a ingresar examinó la cortina y queriendo probar su resistencia, le dió un zarpazo, pero se encontró con algo bastante duro; era vidrio, yo había dejado la ventana entre cerrada. En ese punto creí que el gato no volvería, pero a diferencia mía, el animal no vió la ventana entre cerrada, la vió entre abierta, y como si no existiese el vidrio de mi ventana, entró a mi casa y llegó hasta mi cocina; en mil maromas me ví para hacerlo salir.

Tal como mi ventana, son las mujeres, ponen cada vez más y más dificultades, y tal como los gatos deberiamos ser lo hombres, perseverantes hasta poder entrar en el corazón de las difíciles mujeres.

Es decisión de cada gato, y de cada hombre, si persevera o busca ventanas abiertas.




Fotografía tomada de:
http://phototimer.files.wordpress.com/2007/03/ventana.jpg
Texto © Nelson Felipe

sábado, enero 10, 2009

Iluminada Sensación


"El ánimo gozoso hace florida la vida; el espíritu triste, marchita los sucesos." Salomón

Hace no mucho tiempo, me encontré sentado sobre el prado en un lugar muy familiar, rodeado de muchas formas de vegetación y con un imponente atardecer frente a mi; los rayos del sol se metían por entre las blancas nubes y parecían perforarlas, como en cualquier melancólica producción hollywoodense. Había también una atmósfera limpia, un perfecto cielo azul con unas pocas nubes como algodón fino. Corría un viento bastante fuerte, que traía entre sus bucles aromas lejanos y contradictorios, sonidos perdidos en tiempos vividos, recuerdos cambiantes de calores pasados y otras tantas sensaciones que no recuerdo haber sentido, pero que estoy seguro de haberles percibido allí.

Yo, en medio de ese paraíso mítico, pero real; sólo conseguí acercar mi bolso y buscar en él mis gafas oscuras, lo hice para que nadie notara que cerraría mis ojos; aparté de nuevo mi maleta y me apoyé sobre mis manos puestas detrás mio, cerré mis ojos buscando una mejor interiorización de mi, y sólo me dediqué a sentir el viento fuerte que soplaba, a intentar escuchar esos sonidos, identificar esos aromas, recuperar esos recuerdos y diferenciar esas sensaciones.

Con los sonidos no tuve mucha suerte, logré escuchar algunos gritos ahogados, unas palabras calladas, unas mentiras bondadosas que al final explotaron en avalanchas destructivas; también encontré algunas canciones, unos boleros, un poco de Calamaro y Fito y también algo de Sabina, una frente marchita, un depende, algo que gritaba querer tener algo con no se quien, un lado oscuro y una moneda que cae de nuevo por el lado de la soledad. Nada concluyente.

Con el asunto de los aromas fue más difícil, mi nariz no ha sido muy buena identificando, tal vez algún perfume cuya marca no creo conocer y que no podría reconocer hoy, o tal vez algún shampoo o jabones de tocador o crema de dientes que nadie sabe en que boca vino a terminar.

Vinieron los recuerdos, y ahí si tuve un problema, por que llegaron todos en montón y nada se podía diferenciar, ni casas de palomas, ni gurús, ni oráculos, ni siquiera hilos tejidos por Cloto, ni los coleccionables velos de tul roídos por gusanos; nada, no había nada, estaba todo pero no había nada, y cómo lo que es nada, lo deje a un lado, para dar paso a algo. Esperaba que ese algo apareciera.

Me quedaban las sensaciones, pero de cierta forma le temía a eso, por que son algo complicado de manejar; respiré profundo y dejé que el viento trajera las sensaciones que fueron llegando una a una, a diferencia de los locos recuerdos, la cuestión es que las sensaciones no tienen nombre y para describirlas necesecitaría muchas letras. Pero hubo una, una en especial, algo mágico, algo que me hizo sentir tranquilo, como si me quitara pesos de encima, como si me iluminara, como si me armonizara. Bello, pero tácito.

Me llene de ánimos, de energías y de fuerza renovadora, quise ser nuevo y empecé a lograrlo, para hacer que la vida floreciera y darle la razón a Salomón, por que de cierta forma, la tristeza si estaba hechando a perder los episodios neo-alimentados o los proyectos emprendidos. Asumo que esa iluminada sensación de aquella tarde tenía como fin la restauración, para terminar con la resistencia.

Creía que no aparecería de nuevo, pero me equivocaba, por que volví a percibirle, esta vez lejos de aquel lugar familiar, con atardeceres también, pero sin gafas oscuras o posibilidades de cerrar los ojos. Pero allí estaba de nuevo, haciéndome sonreír, pensando en posibles personalizaciones que tal vez se materialicen, que tal vez aparezcan.

Hace no mucho tiempo, me encontré sentado en mi cama, con una sonrisa de oreja a oreja sientiendo que la nueva vida florece y me muestra su lado azul. Había música en mis oídos y reflejos en mis pupilas, flores en mis recuerdos, suaves aromas en mi ambiente y esa, esa misma iluminada sensación que me hace creer que puedo volar como mariposa justo después de tocar la nariz cálida de quien, no siendo la más guapa del mundo, es más guapa que cualquiera.









Fotografía © Contesía de Tallulah
Efectos gráficos y texto © Nelson Felipe
Agradecimientos:
Ortografía y nomenclatura: Osmotic